Flor de Loto



EN EL BARRO ES DONDE EL LOTO TIENE SUS RAÍCES
EN LAS AGUAS TURBIAS, PODRIDAS

EN DONDE CRECE IRRESISTIBLEMENTE

ATRAÍDA POR ESA LUZ QUE IGNORA, PERO PRESIENTE
Y QUE TIRA DE ÉL
Y LO ATRAE

Y LO ALZA
Y LO OBLIGA A SUBIR
Y QUE, SÚBITAMENTE, ENCUENTRA.
CUANDO LLEGA A LA SUPERFICIE, LA ATRAVIESA.
ENTONCES, GLORIOSO, SE ABRE, SE EXPANDE
Y, CEGADO, DESLUMBRA A TODOS
CON SU INDECIBLE RESPLANDOR.

Frédérick Leboyer

Palabras sobre el amor


El amor no es una cosa de la mente. Y sólo cuando está de veras quieta, que no espera nada, ni pide ni exige ni busca ni posee, cuando ya no tiene celos ni temor ni ansiedad, cuando está realmente en silencio, sólo
entonces es posible el amor. La razón de que no tengamos amor es porque las cosas de la mente han llenado nuestros corazones (celos, envidias, deseos de ser alguien, ambición, éxito). El amor sólo puede existir cuando está ausente el pensamiento del "Yo" y la libertad con respecto al "Yo" reside en el conocimiento propio y así llega la comprensión. El amor no tiene nada que ver con la sensación, que no es un medio para realizarse. El amor existe por sí mismo, sin ningún resultado. Para la mayor parte de la gente, el amor está vinculado con el sexo y el placer y todos los tormentos que los acompañan: celos, envidias, antagonismos. Uno ha de terminar con todo el conocimiento acumulado cada día, heridas psicológicas, compararse con otra persona, compadecerse a sí mismo... terminar con todo eso cada día, de modo que al día siguiente la mente de usted sea fresca y joven. Una mente así nunca puede ser lastimada, y eso es inocencia. Uno de las cosas extrañas relacionadas con el amor es que cualquier cosa que podamos hacer, será correcta si amamos. Cuando hay amor, la acción es siempre correcta, en todas las circunstancias. Y cuando existe esa calidad del amor, hay compasión. La compasión implica pasión por todo.


Jiddu Krishnamurti

Quejarnos


¿De qué nos quejamos? De que estamos cansados, enfermos, doloridos. De que las cosas nos van mal: no tenemos éxito en el amor o no conseguimos trabajo. De lo mal que está el mundo, de como los otros se matan, de como yo no puedo tolerar a quien tengo al lado. ¿En qué momento aparece la queja? Cuando creemos que hay algo que no podemos resolver, cuando sentimos algún tipo de malestar. En general, la queja es por causa de algo externo: "mi madre es muy absorvente,depende mucho de mí", "mi novio no hace lo que le pido", "esta enfermedad que tengo no me deja llevar una vida normal". Es cierto que el dolor atormenta y el miedo paraliza. Sufrir es parte de nuestra humanidad. Pero, ¿qué estamos haciendo realmente cuando nos quejamos? ¿Estamos resolviendo algo? ¿Podemos pensar a la queja como un motor que genere un cambio? Cuando reniego por alguna situación, le estoy dando vida y trascendencia a ese hecho. De pronto, mi queja toma parte de mi vida, se convierte en mi problema, con ese problema me identifico, forjo mi personalidad. Soy mi insoportable relación con mi esposa, soy el gran sacrificio que me lleva llegar a fin de mes o lo sola y deprimida que me siento. Comienzo a organizar mi vida entera en torno a ese malestar, le doy forma, lo hago carne. Hagamos el ejercicio de escuchar profundamente nuestras quejas y las quejas de las personas que nos rodean. Escuchemos sin juzgar, sin valorar, no importa el contenido de la queja, intentemos escuchar ese descargo como si fuera una música: el tono de voz, el timbre, el ritmo, la cadencia... Pareciera que ese sonido funciona como un disco rayado: suena, suena, siempre igual, se repite, es denso, pesado, es aburrido, genera cansancio, finalmente malestar, bronca... ¡Necesitamos silencio! La vibración de esa horrible música genera en nuestra psique y en nuestro organismo enfermedad y apatía. Pensemos a la queja como energía que no se canaliza, queda estancada y se pudre. Esta energía turbia se regocija sobre sí misma haciéndose una bola de nieve imparable, que se autoalimenta y engorda. ¿Qué pasaría si pudiéramos aprovechar esa tremenda energía a nuestro favor? Quizá podamos dedicar el mismo caudal de energía en hacer algo para modificar, aunque sea mínimamente, aquello que nos aqueja. Tal vez podamos hacer un movimiento usando esa fuerza que nos aproxime a la salida... ¿O será que no queremos salir? ¿Será que quejarnos es tan cómodo y conocido que preferimos esa seguridad, en lugar de la experiencia de lo nuevo, de lo que nos puede traer felicidad? Es importante que podamos cuidar de nosotros y de los demás eligiendo las palabras que vamos a usar. La queja es un modo de violencia. Quejándome me arraigo en el dolor, lo rectifico, lo asevero, impidiendo que algo pueda modificarse. Todos tenemos la capacidad de salir de los lugares (vínculos, espacios físicos, situaciones) que nos hacen mal. Permanecer allí es un acto de violencia y desamor.



HABLAR

El discípulo no podía reprimir las ganas que tenía de contarle al Maestro el rumor que había oído en el mercado. "Aguarda un minuto", dijo el Maestro. "Lo que tienes para contarnos, ¿es verdad?"

"No lo creo..."

"¿Es útil?"

"No, no lo es"

"¿Es divertido?"

"No"

"Entonces, ¿por qué tenemos que oírlo?"


Anthony De Mello

Nuestra Ubicación: Fray Justo Santa María de Oro 5566, Villa Bosch

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Espacio Semilla

Espacio dedicado a la búsqueda del equilibrio entre el cuerpo y la mente a través de la práctica del Yoga y el cuidado de la salud

"... deberás plantar la semilla de alguna intención, proyecto o sueño... y has de ser receptivo, pues la semilla germina en un campo de entrega. Reconocerás cuáles son tus verdaderos sueños y tratarás de no abarcar más de lo que puedes... prestarás atención al momento presente... regarás todos tus vínculos desde el corazón..."

-Calendario Maya (fragmento)-